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Nuestra historia

Detrás de El Camino de Arlet hay una niña, una familia y un diagnóstico que cambió nuestro camino.

Sus primeros meses

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Buscando respuestas

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Cuando Arlet nació, todo parecía ir bien. Nada hacía pensar que detrás de aquella niña había una enfermedad genética ultrarrara.

Pero a medida que pasaban los meses empezamos a notar que su desarrollo avanzaba más despacio de lo esperado. Algunas habilidades que deberían ir apareciendo tardaban en llegar y, poco a poco, comenzaron las primeras dudas y preocupaciones.

Todavía no sabíamos qué estaba ocurriendo ni imaginábamos el camino que teníamos por delante. Solo sabíamos que Arlet necesitaba más tiempo, más ayuda y que teníamos que empezar a buscar respuestas.

Las primeras señales dieron paso a consultas médicas, pruebas y terapias. Sabíamos que Arlet necesitaba más apoyo en su desarrollo, pero todavía no conocíamos la causa.

Durante ese tiempo fuimos buscando respuestas mientras ella seguía avanzando a su ritmo. Llegaron nuevas valoraciones, especialistas y pruebas que poco a poco fueron aportando información sobre lo que estaba ocurriendo.

Finalmente, el estudio genético nos acercó a la respuesta que llevábamos tiempo buscando. Por primera vez, aquello que hasta entonces habían sido síntomas, dudas e incertidumbre empezaba a tener un nombre.

El diagnóstico que lo cambió todo

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Después de meses buscando respuestas, llegó el estudio genético de Arlet. Los resultados llevaron también a realizar pruebas genéticas a sus padres y, finalmente, poco después de que Arlet cumpliera dos años, recibimos el diagnóstico definitivo: Paraplejia Espástica tipo 52 (SPG52), una enfermedad genética ultrarrara y progresiva.

Por fin teníamos una respuesta, pero con ella llegó una realidad difícil de asumir: una enfermedad sin un tratamiento capaz de detener su evolución y con muy pocos casos conocidos en el mundo.

Aquel diagnóstico cambió nuestra forma de mirar al futuro. Empezamos a buscar información, a conocer a otras familias y, sobre todo, a preguntarnos qué podíamos hacer para intentar cambiar ese futuro.

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Nace el Camino de Arlet

Los días después del diagnóstico fueron difíciles. Necesitábamos tiempo para entender qué significaba la enfermedad, asimilar todo lo que nos habían explicado y procesar cómo podía cambiar el futuro que habíamos imaginado para Arlet.

Después de esos primeros días de incertidumbre, sentimos que no podíamos quedarnos de brazos cruzados. Empezamos a buscar información, a conocer a otras familias y a entender que, aunque hoy no existe un tratamiento, hay una investigación en marcha que necesita apoyo para poder seguir avanzando.

Así nació El Camino de Arlet: de la necesidad de transformar nuestra preocupación en acción. Decidimos crear una asociación para dar visibilidad a la enfermedad, recaudar fondos y apoyar la investigación que pueda acercarnos algún día a un tratamiento.

El camino empezó por Arlet, pero pronto entendimos que no era solo por ella. Cada paso que demos puede ayudar también a otros niños y familias que conviven con la SPG52, hoy y en el futuro.

No sabemos hasta dónde podremos llegar, pero sí sabemos por qué empezamos: porque mientras exista una posibilidad de cambiar el futuro, queremos hacer todo lo que esté en nuestras manos para acercarnos a ella.

Nuestro camino continúa

El diagnóstico cambió nuestro camino, pero también nos dio un propósito. Hoy acompañamos a Arlet en cada etapa mientras trabajamos para dar visibilidad a la enfermedad e impulsar la investigación.

No recorremos este camino solos. Cada persona que nos acompaña, comparte o colabora nos acerca un poco más a nuestro objetivo: un futuro con tratamiento.

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Cada paso cuenta

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